Comenzaba el día que tanto llevaba temiendo este año. Que sí, que es la
última asignatura, que salvo de la memoria de prácticas no tengo que
preocuparme de nada más, y que además solamente van a ser 4 semanas, pero ….
Hay que bailar!!
Sé que la expresión corporal es mucho más que bailar, de hecho durante mis
años de colegio hice muchas obras de teatro, y algún musical, pero en plan muy
amateur y con el personaje chistoso, que no era precisamente el que cantaba ni
bailaba bien…
El inicio de la clase no ha sido además nada tranquilizador: no solo hay
que bailar para aprobar, además hay que hacer “acrobacias” con una coreografía
de acrosport. Sí ese deporte donde la flexibilidad, volteretas laterales y el
pino son las herramientas principales. Es decir, que lo llevo bastante crudo
puesto que carezco de la primera herramienta y las otras dos nunca he sido
capaces de hacerlas. (También es cierto que nadie me enseño en mis tiempos
mozos, pero el hecho es que carezco de las herramientas necesarias para hacer
una buena “coreo”)
Con todo esto, tras la primera hora de desmoralizante presentación, nos
tocaba ponernos el mono de trabajo y saltar a la pista de baile (o al salón con
columnas y espejos traicioneros, como lo quiera llamar cada uno). Al menos la
toma de contacto ha sido algo que nadie esperaba: una presentación, diciendo
nuestro nombre y escenificando algo cuya letra inicial fuera la nuestra. Joder,
la D … que digo con la D … “Hola, soy Diego y me gusta …. Danzar” … No, eso es
mentira.
“…y me gusta DIRIGIR partidos de baloncesto”, no , eso sin la pizarra al
lado queda raro.
“…y me gusta DAR COLLEJAS” ... no, eso así de primeras tampoco queda bien
(claro que al lado de INVADIR PAÍSES que luego escuchamos, no habría
desentonado nada)
Bueno, finalmente me decidí por “y me gusta DOSIFICARME”, aunque no es
cierto del todo, sí que es algo que me gusta hacer cuando puedo, que es casi
nunca.
Luego ha sido más divertido porque todo el mundo tenía que repetir lo que
acabas de decir y hacer la escenificación
(yo me senté en el suelo con las piernas cruzadas). Posteriormente
tuvimos que decir de carrerilla los nombres de todos y escenificarlos, y por
último tuvimos que dar vueltas por el salón y cada vez que nos encontráramos
con alguien, uno tenía que hacer la escenificación del otro. Ahí me di cuenta
que lo de sentarse en el suelo con piernas cruzadas no le moló mucho a la
gente.
La primera actividad con música era muy sencilla, totalmente rítmica.
Íbamos saliendo por filas y teníamos que dar saltitos. Cuando hacíamos un
tiempo completo teníamos que parar y dar saltitos girando al ritmo de la
música. Era fácil porque era todo percusiones, de forma que iban cuadrados los
pasos con los golpes. Luego dejamos de utilizar filas, y era usando todo el
espacio, de forma que había que hacer contacto visutal con alguien mientras
dábamos los saltitos para desplazarnos de forma que al cambiar el ritmo
pudiéramos chocar palmas con esa persona en el siguiente cambio de tiempo. Luego
se complicó, porque por cada golpe musical, teníamos que girar en el sitio y
encontrar a alguien para volver a chocar palmas.
Una vez roto el hielo y hechas las presentaciones, llegó el momento de
bailar, y tengo que reconocer una cosa: me lo pasé muy bien.
Primero, porque Sonia puso el nivel muy bajo de inicio y lo fue subiendo de
forma muy paulatina y sencilla. Segundo, porque vi que no había mucha cantidad
de grandes bailarines en la sala (y oye, aquello de mal de muchos, consuelo de
tontos, a veces viene bien), aunque algún bailón sí que hay, eh? Y Tercero,
porque las canciones que puso eran muy apropiadas y se le iba cogiendo el
gustillo.
Lo cierto es que uno lleva toda la vida escuchando ciertos ritmos y no sabe
ni cómo bailarlo. Luego te dicen que esto es un “chachacha” (Un 3 x 4 de toda
la vida), lo otro es un mambo, lo otro un mambo+chachachá, lo otro un
“cruzado”, etc .. y la cosa va cobrando sentido.
Tras varios bailes muy sencillos que nos recordaron al famoso Coyote Dax y
su “No rompas más, mi pobre corazón…”, realizamos una serie de movimientos
típicos de aerobic. La verdad que no recuerdo la mitad de los nombres, pero si
voy alguna vez a una clase y escucho “plies”, salgo corriendo, que eso cuesta
muchísimo.
Y para finalizar, todos en círculo cerrado y a masajear espalda y cabeza
del de delante con una música más tranquila, más de “ya estamos terminando”
Conclusiones: interesantísima clase, en donde pasé del más absoluto pavor a
un ligero disfrute y unas posteriores agujetas que hoy jueves aún me acompañan.
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